Valoración del periodo de prácticas en la EOI de Vall d’Hebron (IV)

En esta última entrada de valoración del periodo de prácticas, voy a hacer una valoración más general de lo que creo que he aprendido y lo que me falta por aprender.

Pese a la experiencia tan positiva, también soy consciente de que hay muchas otras cosas que debo mejorar. En primer lugar, creo que me falta mucha práctica a la hora de temporizar y secuenciar las actividades: si observo la evolución que fue sufiendo la programación, veo que hay muchas actividades programadas que finalmente no se realizaron (descripción del rincón favorito de Barcelona, trabajo del texto “Instrucciones para cantar” de Cortázar, etc.). Tendimos a programar más actividades de las que se podían realizar en una sesión y nuestra planificación se fue moviendo a lo largo de los días y fuimos eliminando actividades que consideramos más repetitivas. Sin embargo, creo que el hecho de haber planificado tanto y haber reflexionado al respecto de estas actividades fue lo que nos sirvió precisamente para adaptar las programaciones a medida que iban avanzando las sesiones. Sin esta reflexión y este trabajo previo de revisar actividades y ver qué nos convenía en cada caso no habríamos sido capaces de seleccionar y reaccionar tan rápido los cambios que el grupo nos pedía a medida que avanzaban las sesiones.

Otro de los asuntos que me siguen preocupando y que creo que me falta completar en mi formación es el que se me planteaba en la primera sesión de prácticas: cómo gestionar los distintos niveles en el aula. Pese a que creo que fuimos trabajando mejor en este aspecto, también me preocupa el hecho de avanzar en contenidos cuando hay miembros del grupo que aún no los han podido “digerir”. Y al revés, tampoco podemos detener la programación si parte del grupo ya está necesitando nuevos contenidos. También debo decir que en este caso hemos disfrutado de una situación privilegiada, ya que éramos 3 profesores en el aula y eso nos ha permitido dividir la atención y realizar actividades en la que media clase trabajaba con un profesor respectivamente, pudiendo personalizar mucho más la enseñanza y dar una atención más individual. Leyendo al respecto en Williams y Burden (1997:103), se comenta:

“todo el campo de las diferencias individuales está lleno de preguntas no contestadas. […] consideramos que se requiere un enfoque totalmente distinto, un enfoque que se centre en la contribución única de cada individuo a la situación de aprendizaje y en la forma en que puede colaborar el profesor para conseguir un aprendizaje más eficaz.”

De esto se desprende que no puedo aspirar a encontrar una fórmula que me ayude a afrontar este tipo de diferencias en el aula, sino que en cada caso debo intentar buscar una solución adecuada e individualizada.

Respecto a conceptos teóricos trabajados durante los meses de formación en el Máster me ha agradado poder observar de primera mano cómo se va construyendo el aprendizaje de forma colaborativa. Por ejemplo, en la sesión del día 6 de abril el grupo se fue ayudando cuando algún contenido no estaba claro. Asimismo, en el vídeo adjunto de la sesión del día 7 de abril se puede observar como un compañero ayuda a una alumna a expresar su pregunta, que a mí no me había quedado clara.

Finalmente, algo que me ha ayudado mucho a la hora de ir mejorando durante estos 9 días de docencia han sido las sesiones de retroalimentación que hemos tenido con nuestra tutora tras cada sesión. Estas han sido importantes no solo por la valiosa información que hemos recibido, sino también por el enfoque seguimos para realizarlas. Desde un principio nuestra tutora insistió en que debíamos fijarnos en lo que debíamos mejorar, sí, pero también en aquello que hacíamos bien para seguir haciéndolo y para saber por qué funcionaba. Creo que esta manera de enfocar las autoevaluaciones es muy útil, ya que como docentes tendemos a fijarnos solo en lo que no funciona en el aula y restar importancia a lo que sí que funciona, cosa que nos puede causar frustración. Sin embargo, sí bifocalizamos nuestra atención, podremos explotar aquello que nos funciona bien en aula e intentar mejorar nuestros puntos más débiles para lograr una mejor y más exitosa enseñanza.
Sin duda una, uno de los factores que ha hecho que estas prácticas hayan sido tan provechosas ha sido la ayuda de nuestra tutora, María Rodríguez. Desde un primer momento, María Rodríguez nos ha guiado y ayudado cuando realizábamos la programación y los planes de clase, aportando ideas y sugerencias para mejorar, pero a la vez dejándonos la libertad de proponer y de arriesgar.

Si bien considero que he aprendido en este mes, también creo que nos hemos dejado muchas cosas en el tintero, ya que es imposible poder aplicar todo lo que has aprendido a la vez. Es por ello que no puedo dejar de tener la sensación de que solamente 9 días de docencia compartida no son suficientes para poder poner en práctica todo lo que hemos ido aprendiendo. Me gustaría que estas prácticas hubiesen durado más, que hubiésemos podido trabajar con diferentes grupos e, incluso niveles, para poder enfrentarnos a diferentes situaciones y poder tomar diferentes decisiones que nos ayuden a ir mejorando y a poder tener una visión lo más amplia posible de la práctica docente.

Sin duda, si tuviese que elegir solo uno de los aprendizajes realizados en el mes de prácticas, me quedaría con una idea que nos ha transmitido nuestra tutora desde el inicio de las mismas: que no hay buenas o malas opciones, hay decisiones. Es decir, que una vez nos encontramos en el aula nuestras propuestas pueden tener mayor o menor éxito, pero en todo momento debemos saber, haber reflexionado y ser conscientes de por qué hemos tomado esa decisión y por qué no otra. Es mediante esta toma decisiones cómo podemos lograr ir mejorando en nuestra práctica docente y ayudar, por tanto, a que nuestros alumnos en su aprendizaje.

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