El buen profesor

Todo el mundo que se dedica a la enseñanza tiene un referente: ese profesor que nos enseñaba de una manera especial que nos hacía querer aprender más y más. Algo similar al “yo, de mayor, quiero ser así”. Y es inevitable hacernos una pregunta: ¿por qué me gustaba ese profesor? ¿Qué características tenía que me hacían pensar que era un buen profesor? ¿Qué hace de alguien un buen profesor?

En Metodología I estuvimos reflexionando al respecto al principio de curso pero hasta ahora no me he atrevido a publicar mis reflexiones. Aunque en clase estuvimos viendo algunos perfiles de buen profesor, creo que es muy difícil hacer una caracterización de este tipo, porque cada persona tiene sus propias expectativas de cómo es un buen profesor. Todos hemos vivido esa situación en la que entre compañeros de clase discutimos por qué o por qué no nos gusta un profesor.

Creo que esto se debe a varios motivos. En primer lugar, tal y como comentan Williams y Burden en Psicología para profesores de idiomas, cada alumno tiene unas expectativas de cómo debe ser la enseñanza y estas expectativas pueden chocar con las del profesor y crear conflictos. Además, no solo las expectativas influyen, cada alumno tiene un estilo de aprendizaje que quizás no se corresponda con el tipo de enseñanza que realiza el profesor. Finalmente, creo que no debemos olvidar que trabajamos con personas y, como es común en las relaciones interpersonales, la personalidad y la afinidad influyen.

Personalmente, siempre he sentido fascinación por los profesores que te hacen tener la sensación de que estás descubriendo cosas. Ellos tienen clarísimo hasta dónde te quieren llevar, pero no te lo muestran, sino que te van guiando, paso a paso, hasta que llegas al fin por ti mismo y puedes ver el recorrido que te ha llevado hasta ahí. Por eso, cuando en clase de Metodología I nos dijeron que escogiésemos una palabra para describir a nuestro profesor ideal, yo elegí la palabra “guía”. Creo que la seguiría eligiendo aunque ya hayan pasado casi 3 meses desde esa pregunta. Y, quizás, esa es la sensación que me gustaría dejar también a mis futuros alumnos. Si pudiese elegir una situación futura ideal, me gustaría trabajar con los alumnos de manera en la que fomente su trabajo autónomo: ayudarles a descubrir, darles empujones cuando se estanquen y mostrarles todo lo que han evolucionado.

Y, como he dicho anteriormente, creo que todo el mundo tiene su propia visión de su buen profesor. Así que  me gustaría saber: ¿cómo es el vuestro?

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